martes, 20 de marzo de 2007

1ANIMOUS... EN LA FE

Arístides, un apologista del siglo II, escribió lo siguiente al emperador Adriano acerca de los creyentes de su día:

“Se aman entre sí. Nunca dejan de ayudar a las viudas; libran a los huérfanos de aquellos que les harían daño. Si tienen algo, lo dan libremente al que no tiene nada; si ven a un extraño, lo llevan a su casa y son felices, como si fuera un verdadero hermano. No se consideran hermanos en el sentido habitual, sino hermanos más bien por medio del Espíritu, en Dios.”

Como seres humanos, todos pertenecemos a la misma familia. A pesar de que estamos divididos por toda suerte de barreras y diferencias, en el fondo todos somos iguales (Hechos 17:26).

Entonces, como creyentes en Jesucristo, sean cuales fueren nuestras diferencias –denominaciones, preferencias, estilos de adoración-, somos un cuerpo espiritual que reconoce al mismo Padre celestial (Efesios 4:4-6). El ejemplo de nuestros antepasados espirituales puede ser un desafío instructivo para nosotros como discípulos de Jesús en el siglo XXI.

Hagamos todo lo posible para demostrar nuestra unidad en Cristo. La unidad en nuestra diversidad es el testimonio más eficaz para este mundo fracturado por el pecado.

La unidad entre los cristianos viene de su unión con Cristo.


Una corta pero muy apropiada reflexión, copiada del devocional "NUESTRO PAN DIARIO" (19 de marzo de 2007), que nos anima a seguir adelante en pro de la unidad, pero sin olvidarnos de la condición sine qua non: nuestra unión personal con Cristo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola a todos!!

Que buena la reflexión, no? Para mí una de las cosas que más me llama la atención es esta visión que Jesús dice que llamaría la atención a los que no le conocen, nuestro amor fraternal, que hablaría sólo, no habría que añadir nada más, se vería y nos diferenciaría. (Jn 17:21-23)

Una historia curiosa por parte de Dios es que nos hizo a todos hermanos. Y esa visión nos hace falta, porque:

Yo no elegí a mis hermanos carnales, tampoco a los espirituales.

NUESTROS HERMANOS NATURALES:

No los elegimos.

No hacen todo bien.

No piensan, actúan o dicen lo mismo que nosotros.

Incluso en ocasiones nos enfrentamos a ellos, pero siempre prevalece el amor, y es que no puedes hacer nada para no quererlo, lo que hace te molesta más o te alegra más.

Los queremos, de una manera inexplicable.

Les perdonamos todo, inclusive los defendemos de una manera especial.


Qué pasa con nuestra familia espiritual? tratamos igual a nuestros hermanos??

ummm